Con 10 ediciones a nuestras espaldas, pedirles a los concursantes espontaneidad sería como esperar que Belén Esteban se esté calladita un minuto en Sálvame .
Pero, ya que vienen tan resabiados de casa, algunos inquilinos de Guadalix podrían ser más originales a la hora de preparar sus personajes. Porque sí, esto se trata de crear el mejor personaje. Lis y Gonzalo lo han demostrado una vez de patitas en la calle: lo suyo era un papel. Eso sí, al menos ellos eran buenos actores.
Sin embargo, el rol de malas al que juegan Nagore, Melanie y Tatiana es más plano que el guión de una teletienda. Las tres brujas de Eastwick no destacan por nada particularmente. Son grises, insulsas y sin chispa, por eso se han encargado desde el principio de formar ‘minipandi’ y hacer nominaciones conjuntas. Saben de sobra que no van a ganar ni de casualidad y de lo que se trata es de mantenerse el mayor tiempo posible en el concurso, ya que, al fin y al cabo, es más pasta.
Pero chicas, ni en esto habéis inventado la pólvora. Pepe de GH7 patentó el ‘nominator’ y se llevó de calle el concurso. Claro que el hombre al menos tenía carisma. Estas tres, junto con el ideólogo del grupo, el también anodino Juan, me temo que no levantan tantas pasiones. Nagore, de hecho, ya ha soltado el típico “soy sólo soy sincera y digo las cosas a la cara.”¿Les darán un curso de perogrulladas antes de entrar?
En el caso de Tatiana ha resultado una verdadera decepción. La rusalmeriense parece un cruce de Soraya y Brigitte Bardot y podría haber sabido explotarse mejor. Lástima que en cuanto abra la boca pierda su encanto.
En el otro grupo, por el contrario, los concursantes se lo han currado un poco más. A Arturo le va bien con su pose de chulo encantador y a Indhira como la pobre inocente que se enamora del chico malo. Sea fingido o no, al menos han tenido los arrestos de montarse una historia para entretener al público. Por eso, querida audiencia, ¡no los echéis, que, si no, esto va a ser insufrible!
Fuente: Que me dices!

